jueves, 11 de septiembre de 2014

B. Resolución de conflictos en el contexto próximo

B. Resolución de conflictos en el contexto próximo

Causas y efectos de los conflictos. 
Como no todas las personas con las que interactuamos a lo largo de nuestras vidas aceptan hacerse responsables de sus actos, muy frecuentemente debemos enfrentar situaciones de conflicto. 
Rechazo a la violencia y a la intolerancia como medio para solucionar conflictos.
La violencia sólo engendra más violencia y, aún cuando pudiera parecer que en un primer momento es la única o la mejor salida, la realidad es que casi siempre recurrir a métodos violentos sólo garantiza el que los problemas no se resuelvan y se conviertan en los llamados “ciclos de violencia” y eventualmente se amplifiquen y sea más difícil resolverlos. La violencia, por cierto, no tiene que ser física para ser violencia. La violencia verbal genera muchas de las mismas consecuencias que la violencia física, no contribuye a la solución de los problemas y, muy frecuentemente, se convierte en el preludio de la violencia física.
En este sentido, es importante que adviertas que el habla popular mexicana en muchas ocasiones favorece, en lugar de evitar, la violencia verbal o física. El habla popular mexicana, en este sentido, está caracterizada por una carga machista que frecuentemente asocia a lo femenino con lo débil, lo falso, lo poco confiable y lo desechable. De ahí expresiones profundamente machistas como “mariquita,” como “rajarse,” entre otras muchas que presentan a lo masculino (“fuerte como macho,” “actuar como macho,” por ejemplo) como lo sólido o lo confiable. No sólo eso,  frecuentemente está cargada de referencias que hacen de la violencia sexual contra las mujeres y especialmente contra las madres de los adversarios, un lugar común. En otros casos, presenta a los actos sexuales como oportunidades para dominar a adversarios débiles, afeminados, incapaces de actuar como los hombres y, en ese sentido, marginados y desechables. Está cargada también de referencias profundamente despectivas hacia los indígenas (expresiones como “indio pata rajada,” “indio ladino,” entre otras); los africanos (las expresiones que asocian lo negro con lo inferior); los pobres (las expresiones contra “los nacos”) y, de manera más general, contra todo aquello que no responda a un patrón de lo nacional mexicano que, de cualquier modo, no es ni puede ser tan estático como quienes actúan así quisieran. Es necesario que reconozcas las consecuencias que tiene este tipo de agresiones y que, sin marginarte de tu contexto, trates de introducir cambios progresivos que rompan con estos patrones de agresión contra los más débiles, contra las mujeres, contra las minorías étnicas o sexuales y, de manera más general, contra quienes son vistos como diferentes al “mexicano promedio,” aunque en los hechos sea muy difícil identificar quién es ese “mexicano promedio.”
Análisis de las actitudes ante el conflicto



Es muy importante que al enfrentar las inevitables diferencias que marcan la convivencia humana, lo hagamos convencidos de nuestra capacidad de construir acuerdos. Esto sólo es posible si reconocemos a nuestros interlocutores, sin importar si estamos o no en un contexto de conflicto, como iguales en todo a nosotros y somos capaces de comprender sus problemas, así como las razones por las que se ha generado el conflicto desde una perspectiva madura y responsable. Es cierto que no todas las personas van a pensar como tú y, por eso, es muy importante que no seas ingenuo respecto de tu capacidad para convencer a todas las personas con las que tienes contacto, pero también que siempre le des una oportunidad al diálogo, a la negociación y, en general, a la comunicación como estrategia para la solución de los problemas que te afecten. Los conflictos pueden tener muchos orígenes. Algunos ocurren por razones económicas o políticas y pertenecen a un ámbito en el que tú, en esta etapa de tu vida, tienes poca o ninguna capacidad para influir. En las colonias o comunidades en las que tú y tus compañeros y compañeras de clase viven, también existen un número importante de problemas cuyo origen puede ser también económico o de acceso a ciertos bienes o servicios.  Piensa, por ejemplo, en las estrategias que algunas personas siguen en algunas calles de las grandes ciudades de nuestro país para adueñarse de espacios públicos como avenidas, calles, parques y camellones, sea para ejercer el comercio ambulante o semifijo o para “apartar” lugares de estacionamiento. Estés o no de acuerdo con este tipo de prácticas, es importante que reconozcas que existen condiciones que llevan a distintas personas a usar así el espacio que, de otra manera, sería público. Es por eso que estas situaciones generan problemas en la convivencia entre vecinos, pues—obviamente—habrá quienes se sientan afectados por ese tipo de situaciones y quienes las consideren algo inevitable en las ciudades del país. En el seno de las familias, los problemas también ocurren frecuentemente y pueden ser el resultado de muchos factores. Desde la irresponsabilidad de alguno de los miembros de la familia, la falta de espacio o de recursos para satisfacer las necesidades de todos sus miembros o la incapacidad de los miembros de esa familia para negociar y encontrar una solución a los problemas que los afectan. Es muy importante que, cuando se presenten los conflictos en nuestro hogar seamos capaces de dialogar, de reconocer que todos tenemos derecho a sostener opiniones diversas sobre los hechos que ocurren a nuestro alrededor, pero que también las familias, lo mismo que las comunidades, necesitan mantener una estructura que garantice su propio funcionamiento y el logro de objetivos que no se pueden alcanzar en un contexto de conflicto. No se trata de eliminar los conflictos o las diferencias, pues eso no es posible. Se trata, más bien, de aprender a manejar la variedad de opiniones, puntos de vista y necesidades que existen en el seno de las familias y las colonias o comunidades de nuestro país. Para esto es muy importante que tengas claro cuál es tu actitud hacia el conflicto en general y que trates de comprender las actitudes que otras personas tienen cuando enfrentan un conflicto. Además, es importante que tú, de manera activa y convencido de ello, le apuestes a la solución negociada de los conflictos y a que los demás también desean resolver los conflictos sin llegar a la violencia porque la violencia, además de todos los problemas que ya se han apuntado, tiene un muy elevado costo económico.
Ello hace que existan personas que, de manera activa, le apuestan al mantenimiento de los ciclos de conflicto, o incluso de violencia, como un mecanismo para obtener ventajas que de otra manera no podrían lograr. No siempre es fácil identificar este tipo de situaciones, pero es necesario que estés al tanto de esa posibilidad y que, incluso en esos casos, comprendas las ventajas que ofrece la solución negociada de los conflictos y ayudes a los demás a comprender esta realidad. 
Escucha activa
Es necesario que reconozcas, que sólo vas a poder convencer a alguien si tú mismo estás dispuesto a escuchar a otras personas y si tú estás dispuesto a ceder en la búsqueda de una solución a los conflictos que te afectan a ti, a tu familia o a tu comunidad. Esta es una dinámica que algunos filósofos y sociólogos llaman la situación ideal de habla. Esta situación es aquella en la que los actores reconocen que para dialogar, para negociar y resolver conflictos, es necesario que las partes involucradas en ese conflicto estén dispuestas a escuchar, a ceder y, en buena medida, a poner en juego su identidad al entrar en contacto con las otras personas. Si, por el contrario, los actores pretenden “dialogar” o “negociar” sin escuchar, sin estar dispuestos a ceder y sin poner en juego su identidad, lo más probable es que las otras personas no estén dispuestas a hacer algo parecido y, en este sentido, es muy probable que el conflicto se agrave y detone otros conflictos en su entorno. De ahí que sea importante desarrollar una actitud de escucha activa. Esta actitud involucra la disposición a escuchar al otro, así como demostrar, con nuestros gestos, con nuestras actitudes y con nuestras palabras, que efectivamente escuchamos a las personas con las que hablamos y que somos capaces de comprender su situación y empatizar con ellos, a pesar de que no compartamos las mismas opiniones sobre el problema. Hay varias técnicas específicas para lograr esta actitud de escucha activa, lo que es importante en todas ellas es el desarrollo de una manera de relacionarte con tu(s) interlocutor(es) de manera que se sienta(n) cómodo(s) en tu presencia y que, lejos de acentuarse las diferencias que los separan, se puedan construir acuerdos a partir de aquellas cosas en las que tienen ideas similares o parecidas. La escucha activa también implica evitar actitudes, palabras y gestos con los que normalmente desacreditamos las posiciones o los puntos de vista de nuestros interlocutores. Implica también evitar caer en actitudes defensivas, autocompasivas, irónicas o sarcásticas, pues todas esas actitudes tienden a impedir una comunicación franca y directa con nuestros interlocutores, además de que muy fácilmente se pueden considerar como insultos. La escucha activa también busca identificar las emociones subyacentes en los argumentos de los interlocutores, de manera que sea más fácil comprender qué es lo que efectivamente nos trata de decir nuestro interlocutor con sus gestos, sus actitudes o algunas palabras clave que las personas más capacitadas en la escucha activa logran identificar con relativa facilidad. En este sentido, aun cuando no es posible suponer que estas líneas te convertirán en un practicante experimentado de la escucha activa, sí es posible suponer que puedes aplicar algunos de los principios de este método y evites, por ejemplo, en el contexto de los conflictos que puedan ocurrir en tu familia o comunidad, las expresiones, gestos o actitudes que puedan hacer sentir a tus interlocutores que no tomas en cuenta sus opiniones y evitar, desde luego, los sarcasmos, las ironías, las agresiones (veladas o expresas) y que contribuyas, en cambio, a generar condiciones que faciliten el intercambio de ideas, la llamada situación ideal de habla.
Interpretación, argumentación y defensa de opiniones



Al hablar con otros es inevitable que interpretemos sus opiniones, sus puntos de vista e incluso, en algunos casos, sus necesidades. Lo importante, sin embargo, es que la interpretación que hagamos sea una interpretación que siga el argumento, del pensamiento positivo. Si al intercambiar opiniones con otras personas, sea o no en el contexto de un conflicto, tú interpretas lo que te dicen de manera sesgada, apostándole a la generación o el mantenimiento de conflictos o sin estar convencido de la posibilidad de construir o mejorar acuerdos existentes, lo más probable es que vas a actuar de manera tal que será muy difícil mejorar las cosas. No sólo eso, es muy probable que al participar de una conversación en esas condiciones, generes condiciones que hagan más difícil la solución de los conflictos. De ahí que sea muy importante que, además de la actitud de escucha activa, desarrolles tanto como sea posible tu habilidad para empatizar con tus interlocutores, es decir, para ponerte en su lugar e interpretar la realidad a partir de ese ejercicio de empatía. Esto no implica que renuncies a tus convicciones o a la defensa de tus derechos para satisfacer o quedar bien con tus interlocutores; lo que implica más bien es que seas capaz de afinar, de mejorar tu propia capacidad para argumentar tus propias razones, tus puntos de vista y para explicar, tan claramente como sea posible, por qué es que tú entiendes una situación en los términos en los que lo haces. El peor error que se puede hacer en este sentido es el de suponer que tus razones son auto-evidentes o que son transparentes. Tus interlocutores, del mismo modo  que tú, tienen razones que los llevan a pensar y comprender los problemas, las realidades que los rodean de una cierta manera. Por eso mismo, es necesario que así como esperas una explicación clara y bien argumentada de las razones y propuestas de tus interlocutores, tú seas lo suficientemente cuidadoso para elaborar tus argumentos, para explicar tus razones y para ofrecer soluciones a los problemas que los afectan sin esperar que tus interlocutores puedan adivinar o suponer las razones que te llevan a diferir de ellos.
Argumentar no implica, “tirar rollo,” ser verboso o ampuloso al exponer nuestras ideas. Tampoco implica ser agresivos en la defensa de nuestros ideales o nuestras propuestas. Exige, más bien, ser muy claro, muy consistente y muy preciso al momento de explicar tu situación, las condiciones de las que partes y las propuestas de solución que haces. Por ello es muy importante que al argumentar, al explicar tus razones y hacer tus propuestas evites ser zalamero, es decir, evita los elogios innecesarios a tus interlocutores; pero también evita cualquier cosa que se pueda interpretar como una grosería o como una agresión. Cede y apuesta a que tus interlocutores estarán dispuestos a ceder para evitar un conflicto.
Negociación y alcance de acuerdos
 “Más vale un mal arreglo que un buen pleito.” 
La idea detrás de este refrán es que aunque los arreglos puedan no ser los que tú esperabas, es más barato llegar a los acuerdos que prolongar los conflictos. Esto es mucho más importante de reconocer cuando uno considera que los conflictos pueden llegar a involucrar dilatados y muy costosos procesos judiciales, que pueden durar varios años y, sobre todo, que pueden agravar las condiciones que dieron origen al conflicto y ser el pretexto para que se desaten situación de violencia.
La negociación es, ante todo, una actitud que se expresa de distintas maneras, por medio del “pensamiento positivo,” por medio de la escucha activa y de la construcción mutua de situaciones ideales de habla en la que las partes involucradas en un conflicto o una diferencia sean capaces de alcanzar acuerdos a partir de aquellas cosas en las que hay coincidencias para que, a partir de ese cimiento, se puedan allanar las diferencias que, de manera inevitable existen en otros contextos y realidades.
Es cierto que la negociación no siempre va a lograr sus objetivos, pero también es cierto que el logro de los objetivos de cualquier negociación depende, fundamentalmente de la disposición de las partes involucradas en un conflicto para alcanzar acuerdos que, primero, eviten el estallido de la violencia o de prácticas intolerantes y que, en segundo lugar, contribuyan a la mejora progresiva de las situaciones que dieron origen al conflicto.
La negociación, para ser eficaz, necesita de actores capaces de empatizar el uno con el otro. Por ello, requiere de actores dispuestos a participar y a aceptar la participación constructiva de otros en la solución de los conflictosreconocer al otro como su igual, como dotado de los mismos derechos, capaces de formular juicios morales, de actuar de manera responsable y autónoma, sin esperar que en todo momento las autoridades los presionen para cumplir con lo que las leyes disponen. Requiere de actores capaces de aceptarse a sí mismos y de pensar positivamente de sí y de sus interlocutores. Capaces de trabajar conjuntamente con otros actores y de hacerlo con un espíritu de cooperación positiva que favorezca y no impida o prevenga la negociación y la construcción de soluciones en las que, de manera inevitable, las partes involucradas tendrán que ceder. La construcción de un orden social más justo, más democrático y más participativo sólo será posible en nuestro país en la medida que los distintos actores sociales, ya desde sus hogares, sus colonias y comunidades, muestren disposición a introducir transformaciones constantes que mejoren las condiciones en las que se discuten los problemas que nos afectan a todos. 

ACTIVIDADES

1. Realiza un breve resumen en tu cuaderno
2. Observa el siguiente video y escribe una breve opinión sobre el mismo.
3.¡Vamos a prepararnos para la evidencia!
Recordarás que éste resultado de aprendizaje se evalúa mediante el desarrollo de un debate, para que tu desempeño sea de lo mejor, sigue los siguientes pasos:
a) Elige un tema para debatir (recuerda, debe ser un tema controversial, entretenido, interesante y actual)
b) Presenta tu propuesta al grupo y juntos decidirán que tema debatir.
c) Investiga todo lo referente a ese tema, toma notas breves sobre el mismo.
d) Observa los siguientes videos 



¿LISTO?
¡Manos a la obra!